Mariano Silva
Crítico de Cine
Miembro de OCIC -SIGNIS
(Organización Católica Internacional del Cine)
En Chile, en los años 1974 y 1975, ocurrió un hecho insólito que, por lo demás repetía lo que ocurrió en los años inmediatamente anteriores en el mundo: la película musical "Jesucristo Superstar", que llevó la celebérrima opera rock de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber desde los escenarios de Broadway a la pantalla, con el cantante Ted Neely como protagonista, permaneció casi dos años completos en cartelera, con la sala Huérfanos, donde se exhibía, repleta de fanáticos. Fue un récord absoluto, aún no superado por la exhibición del cine en el país. Es posible que, con la ayuda del Espíritu Santo, fue la intuición de los cuatro evangelistas la que previno la enorme influencia espiritual que la figura de Jesús irradiaría sobre toda la Historia del Hombre. Pero es probable también, que jamás imaginaran el éxito que la vida y el testimonio del Redentor originarían como espectáculo masivo mundial, respecto a tal película, en pleno siglo XX, Cristo fue crucificado un promedio de cuatro veces diarias en la sala de cine durante dos años.
Esta anécdota, sumada a la polémica que ha ocasionado en el mundo "La pasión de Cristo", de Mel Gibson, estrenada recientemente en el país, la proximidad de la Semana Santa y el recuerdo del calvario legal al que se sometió por años "La última tentación de Cristo", en Chile, es oportuno referirse, recurriendo a una selección, a las veces en que la vida e inmolación del Señor han sido llevadas a las imágenes de la pantalla. Es el personaje histórico que más ha sido tratado por el cine, sólo lo superan los ficticios Sherlock Holmes y Drácula.
Si se considera que La Biblia es el mayor best seller de todos los tiempos, a nadie puede extrañar que Jesucristo, tratado en el Nuevo Testamento por cuatro evangelistas (Mateo, Lucas, Marcos y Juan), se evoque insistentemente con el recurso de versiones fílmicas por su condición que corresponden a expresiones cuyo público es masivo y multinacional. Preferentemente, en sus inicios entre los pioneros del cine francés, el tema fue considerado un intento que siempre tendría gran acogida y debutó en los albores de aquella cinematografía con "La vida y pasión de Jesucristo" (1897), un sencillo homenaje cuyos autores fueron de nada menos que los hermanos Louis y Auguste Lumiére, inventores del cine.
Desde 1902 hasta 1907, para la productora Pathé Fréres, Ferdinand Zecca rodó otra obra más completa, "Vida, pasión y muerte de Jesús", cuyo guión encuadernó y guardó celosamente hasta el día de su muerte en 1947. Hacia 1910, en "El beso de -Judas", de Armand Bour, el actor Mounet -Sully era Judas y Albert Lambert, Jesús. En 1905, "La pasión de Oberammergau" fue filmada para los norteamericanos, por Deutsch. Pero, aún más, desde 1898 existe un antepasado de "Godspell", cuyo rodaje se hizo sobre el tejado del Grand Central Palace, uno de los edificios más soberbios de Nueva York.
Todo esto fue corriente en el teatro y en fotografías animadas, gracias a los solicitados espectáculos de linterna mágica, pero la primera "pasión" digna del cine se dice que fue "Christus", de Giuseppe. De Liguoro y Giulio Antamoro, en 1915 en Italia. Por su parte, el expresionismo alemán tuvo algo que decir con su "I.N.R.I.", realizada en 1924 por Robert Wiene (el mismo autor de "El gabinete del Dr. Caligari", 1919, clásico mayor del expresionismo germano), que fue célebre por la resurrección, inspirada en lo trazos y la iluminación sombría y amenazante de Rembrandt. Sin olvidar el testimonio más noble en los inicios del cine, el segmento de "La Pasión de Cristo", en "Intolerancia" (1916), de David W. Griffith creador del lenguaje cinematógráfico (que es lo mismo que decir el cine como arte), en aquella obra que mostraba cuatro episodios-ejemplos sobre la intolerancia en la Historia de la Humanidad.
Pero en algún momento llegaría el turno del Hollywood tradicional, en 1927, cuando se le dio ocasión de abordar la tarea a un director experto en hazañas masivas y espectáculos colosales, Cecil D. DeMille, que puso sus decorados y multitudes al servicio de "Rey de Reyes", donde las escenas de la resurrección aparecen coloreadas. El notable galo Abel Gance quiso interpretar a Cristo en su obra "El fin del mundo" (1928). Y en "Gólgota" (1934), otro grande los franceses, Julien Duvivier, hizo que el actor Robert Le Vigant cargara sobre sus hombros la cruz del personaje principal, al frente de gigantes de la actuación, como Harry Baur, Edwige Feuillére y Jean Gabin. Esta fue la primera película sobre la pasión no sólo destacada por el genial realizador sino que, además, por su extraordinario equipo de intérpretes.
Tales fueron los precursores, pero Cristo sigue - y seguirá - siendo un personaje cinematográfico de gran atracción y, por lo tanto, irrenunciable. En "Quo Vadis?" (1951), filme estelar de la MGM, dirigido por el mítico Mervyn LeRoy, que no es sobre Jesús, pero aparece éste en una escena como una sombra ante el peregrino apóstol Pedro, quien le pregunta: "¿Adónde vas, Señor?" ("Quo vadis, domine?") y Él responde: "A Roma, porque allí están matando a mi gente". Otra película, "El manto sagrado" (1953), de Henry Foster, drama espectacular de la Fox, que incluso es la primera película en Cinemascope, se inicia con la inmolación en el Gólgota, y el protagonista Demetrio (Victor Mature) se hace guardián del manto ensangrentado del Nazareno, deviniendo finalmente en esclavo, gladiador y devoto cristiano. El manto de Jesús lo redime y fortalece. Y en "Ben-Hur" (1959), de MGM, dirigido por William Wyler - que fue mucho tiempo la película ganadora de más "Oscar" (11), igualada en 1998 por "Titanic" y ahora por "El Señor de los Anillos: el retorno del rey"- no figura Cristo como personaje propiamente tal, sino que aparece y se vincula con las ideas de justicia y espiritualidad del protagonista y en varias escenas su silueta y su esplendor místico se hace presente como un testimonio de bondad y vida eterna. Revelador es el momento en que a Ben-Hur se le lleva junto a otros esclavos a las galeras y Jesús le da agua cuando cae el suelo e ilumina el rostro del protagonista, quien después, cuando el Nazareno carga la cruz hacia el Calvario, él le ayuda a levantarse y le da de beber. También es importante la secuencia en que desde lejos se ve como Cristo habla a la multitud en el Sermón de la Montaña, recitando sus bienaventuranzas. Estos tres filmes pertenecen al género llamado "peplum", muy vinculado al cine bíblico.
Y hay más. En "Rey de Reyes"(1961), Cristo tomó la vigorosa fisonomía de joven anglosajón de Jeffrey Hunter (promisorio actor que falleció prematuramente en 1969, a los 42 años), en manos del gran director Nicholas Ray ("Rebelde sin causa"), quien quizás utilizó al actor por su atractivo aspecto de heredero de James Dean. En "El Evangelio según de San Mateo" (1964), del italiano ateo y marxista Pier Paolo Pasolini, se presentó al Mesías como un reformador aterrizado y algo iracundo, interpretado por el estudiante catalán Enrique Irazoqui, en una obra que fue celebrada por el Vaticano, porque se considera un positivo instrumento para el diálogo entre marxismo y cristianismo. En "Barrabás" (1962), de Richard Fleischer, se toma sólo tangencialmente la figura de Jesús, porque el protagonista es el delincuente (interpretado por Anthony Quinn), a quien la turba libera a cambio del Nazareno. La versión fílmica que ha quirido ser más fiel a la vida de Cristo es la esplendorosa "La historia más bella mejor contada" (1965), dirigida por George Stevens ("Gigante") y protagonizada por el sueco Max von Sydow ("El exorcista"), actor predilecto de Ingmar Bergman.
La más difundida y masivamente celebrada de las vidas de Cristo es "Jesús de Nazareth" (1977), dirigida por el preciosista Franco Zefirelli, que está en las antípodas del sangriento realismo de la película de Gibson, hecha para la televisión italiana (RAI), con guión de Anthony Burguess ("La naranja mecánica"). Dura seis horas y once minutos y sistemáticamente se ha transmitido por la TV mundial en diversas conmemoraciones religiosas desde veinticinco años. Protagonizada por el cuasi debutante inglés Robert Powell, cuenta con un reparto estelar: Anthony Quinn, Sir Laurence Olivier, Olivia Hussey, Ernest Borgnine, James Mason, Anne Bancroft, Claudia Cardinales, entre otros.
A estas versiones más o menos tradicionales, se oponen otras que tomaron aspectos de la figura y vida de Jesús para ilustrar inquietudes modernas, parecido al pretexto utilizado en "El Evangelio según San Mateo". Luis Buñuel incluyó a Cristo en una secuencia de su irreverente "La Vía Láctea" (1968) como el joven que asiste a las bodas de Canaán acompañando a su madre, la virgen María, y se comporta como un muchacho dominguero que ríe con sus amigos y hasta puede caer al suelo si tropieza. En "Godspell" (1973, del norteamericano David Greene, que lleva a la pantalla un famoso y pintoresco musical de Broadway, y presenta al Mesías como un hippie con sus discípulos danzando y cantando con regocijo y libertad en las calles y parques de Nueva York. En "Jesús" (1979), con actores desconocidos, Peter Sykes y John Kirsh muestran una supuesta vida auténtica del personaje, lo que podría ser un antecedente de la "Las última tentación de Cristo".
En la misma línea de las diferentes miradas - más o menos irreverentes - en "Jesús de Montreal" (1989), filme canadiense de Denys Arcand, un joven actor (Lothaire Bluteau) es contratado por un sacerdote para que ponga en escena una versión de la Pasión de Jesucristo para Semana Santa, lo que da lugar a polémicos paralelos místicos, considerados heréticos por algunos sectores católicos. En "Monty Python: la vida de Brian" (1979), ambientado en el año 32 D.C., el humorismo transgresor del grupo británico se luce en el caso de un muchacho que nace el mismo día de Cristo, pero en el pesebre vecino, y que se pasea por los mismos lugares evangélicos como un falso predicador. Finalmente, en el caso de "El Mesías" (1975), su última película, el ateo Roberto Rossellini ("Roma ciudad abierta"), fundador del neorrealismo italiano, tuvo que pedir la autorización del Papa, porque se trata de un retrato de Cristo como un hombre moralmente perfecto, sin referirse a su divinidad.
Por otra parte, las ardientes polémicas por la forma como se trata el testimonio de Jesús en el cine no son nuevas. Ahora está en el ruedo "La Pasión de Cristo", que recrea con naturalismo las últimas doce horras del Redentor, a la que se le critica su cruel realismo y la posibilidad que derive en un discurso antisemita. La anterior discusión - que afecta por años a las sociedad chilena debido al veto judicial - fue "La última tentación de Cristo" (1987, de Martin Scorsese). Muchos la tacharon de herética -incluso sin haberla visto - y otros la estimaban positiva. Estos últimos comprendieron la intención de Scorsese que, en resumen, postulaba qué hubiera sucedido si Cristo, apelando a su naturaleza humana, se hubiese revelado a su padre celestial, negándose a inmolarse en la cruz para salvar a la errática raza del hombre. ¡Esa Humanidad tan ingrata!